José María Cubillo plantea la necesidad de revisar los modelos tradicionales de internacionalización y destaca el papel estratégico de la Marca País en la atracción de inversiones en un escenario de creciente incertidumbre geopolítica.

La transformación del comercio internacional está modificando los criterios con los que las empresas deciden dónde producir, invertir y localizar sus operaciones. Las tensiones geopolíticas, la configuración de bloques comerciales antagónicos y la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro están impulsando una revisión de los modelos tradicionales de internacionalización. En este nuevo escenario, la seguridad y la resiliencia adquieren un protagonismo creciente frente a la búsqueda exclusiva de la eficiencia en costes.

Esta transformación constituye uno de los ejes de la aportación teórica desarrollada por el Dr. José María Cubillo, director del Instituto MESIAS, en su análisis del nearshoring y del atractivo de los territorios para la inversión extranjera directa.

De la eficiencia en costes a la seguridad estratégica

Durante décadas, las estrategias de deslocalización productiva o offshoring estuvieron guiadas, en gran medida, por la búsqueda de menores costes de producción y por el aprovechamiento de las ventajas comparativas de distintos mercados. La expansión de las cadenas globales de valor permitió a las empresas incrementar su eficiencia, pero también generó dependencias estratégicas que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en fuentes de vulnerabilidad.

En este contexto, Cubillo formula una de las premisas centrales de su análisis: la integración económica y productiva puede generar dependencia estratégica, y esta dependencia puede convertirse en un riesgo para la continuidad de la actividad empresarial.

La creciente incertidumbre geopolítica obliga, por tanto, a reconsiderar las decisiones de localización industrial. La competitividad ya no puede evaluarse exclusivamente en términos de costes unitarios, sino que debe incorporar la seguridad de los suministros, la estabilidad del entorno operativo y la capacidad de adaptación ante posibles perturbaciones internacionales.

El nearshoring, entendido como la relocalización de actividades productivas en territorios próximos o estratégicamente vinculados, adquiere así una dimensión que trasciende la proximidad geográfica. Se convierte en una herramienta para reducir determinadas exposiciones al riesgo y reforzar la capacidad de respuesta de las empresas ante un entorno internacional cambiante.

La Marca País como factor de atracción de inversiones

En este nuevo escenario, los territorios compiten por atraer proyectos de inversión capaces de generar actividad económica, empleo, innovación y desarrollo industrial. Sin embargo, su atractivo no depende únicamente de los incentivos fiscales, los costes laborales o la disponibilidad de suelo industrial.

La aportación de Cubillo sitúa la Marca País y la Marca Territorio en el centro de esta dinámica competitiva. La identidad, la reputación y la confianza que un territorio genera en los mercados internacionales forman parte de las condiciones que influyen en las decisiones de localización de las empresas.

Desde esta perspectiva, el atractivo territorial se configura a partir de un conjunto de factores interdependientes: la calidad de las instituciones, el buen gobierno, la seguridad jurídica, las infraestructuras, la conectividad logística, la disponibilidad de talento, la capacidad tecnológica y la calidad de vida.

Estos elementos constituyen dimensiones de una realidad territorial que los inversores evalúan, de forma explícita o implícita, antes de comprometer sus recursos. La Marca País no puede sustituir a esas condiciones estructurales, sino que debe reflejarlas y contribuir a su gestión estratégica.

Cuatro sectores estratégicos para la nueva geografía industrial

La reconfiguración de las cadenas globales de valor abre oportunidades para los territorios capaces de ofrecer condiciones competitivas adecuadas para el desarrollo de actividades industriales de alto valor añadido.

En su análisis, Cubillo identifica cuatro ámbitos con especial potencial estratégico:

  • Industria del automóvil, en un contexto de transformación tecnológica y transición hacia nuevas formas de movilidad.
  • Industria farmacéutica, por la importancia de reforzar la seguridad del suministro de productos esenciales.
  • Industria electrónica, especialmente en los componentes tecnológicos y los semiconductores.
  • Energías renovables, por su vinculación con la transición energética y los objetivos de sostenibilidad.

La capacidad de aprovechar estas oportunidades exige una visión estratégica que integre la atracción de inversiones con el desarrollo de infraestructuras, la innovación, la transformación digital y la formación de talento cualificado. No se trata únicamente de captar proyectos empresariales, sino de crear las condiciones necesarias para que generen valor añadido y mantengan una vinculación duradera con el territorio.

La confianza como condición para una inversión duradera

Uno de los aspectos fundamentales del enfoque de Cubillo es la relación entre el atractivo territorial, la confianza y el comportamiento efectivo de los inversores.

La decisión inicial de invertir representa solo una parte del proceso. La competitividad de un territorio depende también de su capacidad para consolidar las inversiones recibidas, favorecer su permanencia y generar nuevas decisiones de reinversión.

Para ello, la seguridad jurídica, la estabilidad institucional y la calidad del entorno empresarial resultan esenciales. A estos factores se suman la sostenibilidad, la inclusión social y las condiciones de vida que permiten atraer y retener a los profesionales que necesitan las industrias avanzadas.

El objetivo estratégico consiste, por tanto, en construir un entorno en el que las empresas encuentren no solo condiciones favorables para instalarse, sino también razones para permanecer, crecer y desarrollar sus actividades a largo plazo.

Una nueva perspectiva de la competitividad territorial

La transición del offshoring al nearshoring refleja una transformación más profunda de la competitividad internacional. La localización de las inversiones responde cada vez más a una combinación de eficiencia económica, seguridad estratégica, capacidad tecnológica y confianza en el territorio.

Desde el enfoque desarrollado por el Dr. José María Cubillo, la Marca País constituye un activo estratégico que conecta estas dimensiones y permite abordar la atracción de inversiones desde una perspectiva integral. Su gestión requiere alinear la realidad del territorio, su posicionamiento internacional y las condiciones que determinan su capacidad efectiva para generar valor.

En un entorno geopolítico incierto, la ventaja competitiva de los territorios no reside únicamente en ofrecer menores costes, sino en construir las condiciones institucionales, económicas y reputacionales que permitan generar confianza y atraer inversiones sostenibles.

La atracción de inversiones deja así de ser una cuestión exclusivamente promocional para convertirse en un desafío de planificación estratégica, calidad institucional y desarrollo territorial.

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